Trabajo

– ¿Cómo enfocaré mi vida profesional?, me pregunté cuando juraba como abogado en la Corte Suprema.

Y no tuve dudas en la respuesta

– El abuso de poder; ese será mi tema, me contesté, mientras seguía escuchando el discurso de bienvenida al Poder Judicial.

De ello han pasado doce años y cada vez que recuerdo mi graduación como profesional me queda aún más claro que opté por el camino correcto.

Como abogado, al servicio de los trabajadores y ciudadanos de Tarapacá, he visto que el abuso por parte del Estado y las empresas es pan de cada día no solo en nuestra región, sino en todo Chile. Por ello, y siguiendo con el camino que me tracé en ese juramento, trabajaré para que en la Nueva Constitución se alcance un cambio de enfoque en materias sindicales y laborales, tanto en el ámbito público como privado, poniendo como base los derechos fundamentales de los trabajadores.

¿Y eso cómo se logra?, dotando a la fuerza trabajadora de poder negociador frente a las empresas y al Estado, y eso conlleva establecer el derecho a sindicalización, que debe aplicarse en todas las esferas de negociación.

Hay mucho más, es cierto, entre ellas una reconfiguración del reparto de utilidades y, obviamente, el término de lo que, a todas luces, es una brecha que nos conduce directamente a la desigualdad, como lo son las groseras distancias entre los sueldos de los trabajadores y trabajadoras y las ganancias del empresariado.

Todo lo anterior, así como el íntegro acceso a los derechos fundamentales que nos corresponden como fuerza laboral, me incentivan aún más a trabajar por un escaño en la Convención Constituyente, convencido de que el abuso de poder que me impactó desde niño debe terminar.

Ese es mi compromiso. Por eso les invito a no permitir más injusticias y abusos, a dejar atrás las diferencias y discriminaciones entre trabajadores y, obviamente, entre las trabajadoras. Nuestra historia reciente nos enseñó que no basta con votar, necesitamos organizarnos y trabajar por nuestro futuro para no repetir las injusticias del pasado.

Por ello, cuando miro hacia atrás, y recuerdo mis inicios como abogado, o cuando veo el presente, al lado de mi mujer y de mi hijo, reafirmo la obligación que adquirí en ese momento: luchar contra el abuso y defender nuestros derechos fundamentales, para contar con mayor tiempo para la familia, para la recreación, para la formación y para la vida.

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